Los martes de cuentos


29 de marzo de 2020

Han pasado casi 2 semanas desde que se decretó la Jornada Nacional de Sana Distancia con motivo del Covid-19. Toda normalidad se encuentra interrumpida desde entonces.
Es extraño tener que estar todo el tiempo en casa, incluso para mí, que suelo ser una persona sumamente doméstica y encontrarme sumamente a gusto en soledad. Leer, escuchar música, demorarme en los quehaceres cotidianos son actividades que disfruto hacer porque me apartan de la prisa, la confusión, la indiferencia y el ruido de todos los días en esta ciudad...
Así que ahora me encuentro aquí, en este punto incierto de la vida, intentando dar clase todos los días a través de la pantalla de una computadora, intentando no confundir los espacios, tratando de reorganizar la vida, tratando de no perder de vista cuáles son los horarios de clase, cuáles los de comida, cuáles los de despertar, cuáles los de pasar un trapo por la casa... No sabemos cuánto va a durar esto, y lo que se nos dice tampoco nos deja calcular con precisión qué dificultades o consecuencias debemos enfrentar en lo venidero.
Entre las cosas interrumpidas está el Taller de los Martes. Repentinamente, no hay más travesías a Tlalpan, ni las historias de cada semana,  ni el café malo o bueno, o las golosinas de los martes por la mañana. 
Pero quizá sólo sea cuestión de reorganizarse, porque si es cierto que hoy las urgencias y prioridades han cambiado, si es cierto, y estoy de acuerdo, en que un médico hoy es más importante que un futbolista o un escritor, no es menos cierto que hay quienes vivimos de la palabra y creemos en ella como una forma de la perduración y la resistencia.
Que sean entonces nuestras palabras una flor amarilla en la solapa de todos aquellos que por diversas razones no tienen el privilegio, como nosotros, de seguir resistiendo desde sus casas. Y también la afirmación de que, a pesar de la adversidad y el desánimo, no hay un momento de nuestras noches actuales en que no soñemos con días mejores. 
Por eso escribimos. Luego, nuestra palabra persiste. 

Comentarios